Leah, una gorila adulta que habita las selvas del norte de la República del Congo, se acercó el 9 de octubre pasado a la orilla de una laguna en un claro del bosque, llamado Mbeli Bai. Estuvo quieta, mirando con atención el agua, durante un minuto y luego entró en la laguna andando erguida. A los pocos pasos el agua le cubrió hasta la cintura y Leah volvió a la orilla. Poco después, entró de nuevo en el agua en la misma postura, agarró con la mano derecha una rama cercana que sobresalía del agua y la desgajó del tronco. Medía alrededor de un metro. Con ella en la mano pareció probar la profundidad del agua o la estabilidad del fondo. La metió con energía verticalmente en el agua varias veces y luego empezó a cruzar la laguna apoyándose en la rama como en un bastón. A los 8 o 10 metros se dio la vuelta, probablemente porque su cría chillaba en la orilla, y dejó la rama en la laguna.